
Tegucigalpa.- El fenómeno meteorológico de El Niño está emergiendo en el océano Pacífico a una velocidad mucho mayor de lo previsto por los científicos, elevando drásticamente las alarmas globales. Los últimos monitoreos indican que aumentan de forma acelerada las probabilidades de que este ciclo climático evolucione hasta convertirse en un inusual y devastador “Súper El Niño” durante el próximo otoño o invierno, amenazando con alterar de forma severa las condiciones del tiempo en todo el planeta.
De acuerdo con la actualización recién publicada por el Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), existe una probabilidad de 2 de cada 3 (aproximadamente un 66%) de que la intensidad máxima de este evento alcance niveles fuertes o muy fuertes.
Calentamiento oceánico y su efecto dominó
El Niño representa uno de los desafíos más complejos para la gestión de riesgos debido a su naturaleza y alcance en la atmósfera:
- Origen térmico: Este ciclo climático natural se activa cuando las aguas del océano Pacífico tropical experimentan un calentamiento atípico y prolongado, suficiente para romper el equilibrio térmico marino.
- Alteración de vientos: El aumento de la temperatura superficial del mar desencadena un cambio inmediato en los patrones de los vientos globales, modificando la dirección y fuerza de las corrientes atmosféricas.
- Efecto multiplicador: Esta alteración atmosférica genera un efecto dominó que impacta de manera directa e impredecible la meteorología de múltiples continentes simultáneamente.
Amenaza dual: Sequías extremas e inundaciones
La principal preocupación de los expertos radica en la dualidad e intensidad de los impactos climáticos que un “Súper El Niño” puede consolidar en diferentes regiones geográficas. Por un lado, las olas de calor extremo y las sequías prolongadas amenazan con prosperar en zonas vulnerables, disparando el peligro de incendios forestales destructivos y poniendo en riesgo el suministro de agua potable y la seguridad alimentaria. Por el otro, diversas regiones del planeta experimentarán el extremo opuesto, quedando completamente anegadas bajo el impacto de lluvias torrenciales, tormentas e inundaciones severas.
Ante este panorama de rápida evolución, los organismos internacionales de protección civil e investigación climática instan a los gobiernos a activar de manera preventiva sus planes de contingencia, fortalecer el monitoreo de los recursos hídricos y preparar al sector agropecuario para mitigar las pérdidas económicas y humanas que un evento de magnitud histórica podría provocar en los meses venideros.



