
Tegucigalpa, Honduras – En pleno 2026, la violencia asociada a las maras y pandillas continúa marcando el ritmo de vida en múltiples colonias de Tegucigalpa, donde estructuras como la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Pandilla 18 ejercen control territorial mediante intimidación, violencia y extorsión.
Esta realidad afecta la seguridad, la movilidad diaria de los vecinos y la percepción general sobre la capacidad del Estado para recuperar estas zonas.
Colonias con presencia de maras y pandillas en la capital
Durante 2026, las autoridades de seguridad han identificado múltiples colonias, barrios y aldeas de Tegucigalpa y Comayagüela donde se ha reportado presencia y actividad de estructuras criminales como la Mara Salvatrucha (MS-13), la Pandilla Barrio 18 y otros grupos delictivos emergentes.
Entre los sectores señalados figuran las colonias 1 de Diciembre y 21 de Febrero, dominadas por la MS-13, mientras que 14 de Marzo y 21 de Octubre presentan influencia de la Pandilla Barrio 18, esta última en coexistencia con el grupo denominado Alkaeda. En zonas como 3 de Mayo, 23 de Junio, Campo Cielo, Divino Paraíso, El Calvario, El Infiernito, Flor del Campo, La Fuente, La Lincoln, La Mololoa, Los Laureles, Los Próceres, Los Tubos, Mery Flake de Flores, Nueva Capital, Nueva Jerusalén, Nueva Orocuina, Ramón Amaya Amador, San Francisco, Santa Isabel, Villa Cristina, Zapote Norte y Centro, la presencia dominante corresponde a la MS-13.
Por su parte, la Pandilla Barrio 18 mantiene control o influencia en amplios sectores como Aldea El Durazno, El Lolo, Tierra Blanca, Yaguacire, Alemania, Altos de la Centroamericana, Ardas, Brisas de Olancho, Calpules, Cerro Grande zonas 2 y 5, Ciudad España, Colonia El Manantial, Divanna, Estados Unidos, Hábitat, La Betania, La Cañada, La Cuesta 1 y 2, La Era, La Guasalona, La Izaguirre, La Laguna, La Peña, La Rosa, La Sosa, La Travesía, La Vega, Las Brisas, Las Pavas, Óscar A. Flores, Predios del Recreo, Rosa Linda, San Isidro, San José del Pedregal, San Luis, San Miguel Arcángel, Smith 1 y 2, Venezuela, Villa Unión, Villafranca, así como en Aldea El Lolo y Aldea Tierra Blanca.
Existen también sectores con presencia compartida o disputada, como Buenos Aires, donde operan la Pandilla Barrio 18 y El Combo que no se Deja; Colonia Las Palmas, El Sitio, Los Pinos y Villanueva, sectores 5 y 7B, donde coinciden MS-13 y Barrio 18; y Nueva Suyapa, considerada una de las zonas más complejas, con actividad de MS-13, Barrio 18 y el grupo conocido como Los Puchos.
Otros sectores específicos están vinculados a estructuras locales, como Pedregalito, donde opera Los Canales, y San Miguel, identificado con el grupo Berrios.
Impacto social y seguridad ciudadana afectada
En muchas de estas colonias, la inseguridad se traduce en muros marcados con grafitis de pandillas y zonas donde los servicios básicos colapsan debido al temor de los habitantes.
La investigación y datos de seguridad nacional sostienen que en el Distrito Central hay decenas de barrios y colonias afectadas por la influencia de maras y pandillas, lo que representa uno de los mayores desafíos para las autoridades hondureñas en materia de seguridad pública.
Los sectores controlados están distribuidos en distintas partes de la ciudad, desde áreas periféricas hasta algunas relativamente cercanas al centro urbano, lo que dificulta las operaciones policiales y crea “fronteras invisibles” que dividen el espacio urbano entre zonas seguras y zonas en conflicto.
Respuesta del Estado y medidas de control
Ante este panorama, el Gobierno de Honduras ha implementado medidas como saturaciones policiales, operativos interinstitucionales y el mantenimiento de estados de excepción en zonas críticas.
La Dirección Policial Anti Maras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (DIPAMCO) y otras unidades especializadas han reportado capturas de miembros de estructuras como la MS-13 y la Barrio 18, con el objetivo de reducir el control territorial y disminuir la violencia.
No obstante, expertos señalan que estas acciones deben combinarse con estrategias de prevención social y atención comunitaria para ofrecer alternativas a jóvenes en riesgo y reducir la capacidad de estos grupos para ejercer control.



