
Tegucigalpa.- La economía hondureña registró una moderación en su ritmo de crecimiento durante el año 2026, alcanzando una variación del 3.3 % en su Producto Interno Bruto (PIB) real. Esta cifra refleja una disminución en la dinámica económica del país en comparación con el 3.7 % reportado en 2025, debido principalmente a un entorno internacional menos favorable.
Impacto de factores externos
La desaceleración económica está vinculada a la inestabilidad en los mercados globales y a las repercusiones de los conflictos en Oriente Medio:
- Costos energéticos: Como país importador de petróleo, Honduras se ha visto afectado por el alza en los precios de la energía, lo que incrementa los costos de producción y presiona las reservas internacionales.
- Inflación importada: El aumento en el costo de los alimentos y combustibles a nivel mundial ha generado presiones negativas sobre la economía nacional, obligando a fortalecer los marcos de política monetaria para contener los precios.
- Limitaciones fiscales: El país enfrenta un margen de maniobra reducido para responder a estos choques externos debido a la elevada deuda pública y la dependencia de financiamiento externo.
Medidas y proyecciones de política
Ante este escenario, se plantean estrategias para mantener la estabilidad macroeconómica y proteger a los sectores más vulnerables:
- Priorización del gasto: Se prevé que el Gobierno deba tomar decisiones para optimizar el gasto público o aumentar ingresos en áreas estratégicas para compensar la menor actividad económica.
- Apoyo focalizado: Los expertos recomiendan evitar medidas de control de precios generalizadas y, en su lugar, implementar subsidios estratégicos dirigidos exclusivamente a las poblaciones más afectadas.
- Resiliencia financiera: Se destaca la necesidad de mantener políticas fiscales disciplinadas para garantizar la sostenibilidad de la deuda y la confianza de los socios internacionales.

Estado actual de la economía
A pesar de la baja respecto al año anterior, la economía de Honduras se mantiene en una posición de crecimiento cercano a su potencial. El desafío para el cierre del ciclo será gestionar los impactos negativos de la crisis energética mundial y asegurar que la política económica continúe fomentando un clima de inversión estable a pesar de la incertidumbre regional.



