
Un reciente informe de 42 páginas emitido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revela una realidad contundente: las remesas enviadas desde Estados Unidos se han consolidado como la herramienta más eficaz para combatir la pobreza estructural en Centroamérica. En naciones como Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador, estos flujos de capital no son solo una ayuda temporal, sino el pilar que sostiene las condiciones de vida ante la falta de oportunidades locales.

Para el cierre del último ciclo, el flujo de fondos hacia Latinoamérica y el Caribe alcanzó la cifra histórica de 158 mil millones de dólares, representando un incremento del 5.3% respecto al año anterior. Sin embargo, el BID lanza una advertencia: los remitentes están comenzando a mostrar señales de “fatiga” debido a la incertidumbre económica global y los cambios en las políticas migratorias en el norte.

Dependencia crítica de los sistemas sociales
El informe concluye que, sin este dinero, gran parte de la población centroamericana quedaría desprotegida, ya que los sistemas estatales de protección social siguen siendo débiles. Las remesas permiten a las familias cubrir necesidades básicas como alimentación, salud y educación, funcionando como un sustituto directo de la inversión pública que los Estados no logran concretar.
El impacto en números:
- Monto histórico: $158,000 millones enviados a la región.
- Crecimiento anual: 5.3% de aumento en los flujos de capital.
- Países clave: Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua.



