
Expertos en criminología y exjerarcas policiales han lanzado una serie de declaraciones que exponen la profundidad del narcotráfico en el país. Según las revelaciones, la MS-13 ha dejado de ser solo una pandilla para convertirse en el brazo armado y logístico del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en territorio hondureño.

Protección y sicariato al servicio del CJNG
El exdirector de la DPI, José Alfredo Ponce, explicó que la pandilla proporciona una estructura de protección y sicariato esencial para las operaciones del cártel mexicano.
- Rutas estratégicas: El apoyo de la MS-13 se concentra en departamentos clave como Gracias a Dios, Olancho, Atlántida y Colón, aprovechando su ubicación marítima y terrestre para el trasiego de droga.
- Impacto regional: La reciente caída de “El Mencho” en México ha permitido desvelar una red de propiedades y rutas que el cártel operaba en Honduras bajo el amparo de esta alianza.

El papel de los Centros Penales y los “Uniformados”
El comisionado en condición de retiro, Danilo Orellana, fue contundente al señalar el origen del fortalecimiento de estas estructuras criminales:
- Transacciones en prisión: Orellana afirmó que la alianza se consolidó durante la administración de Juan Orlando Hernández, específicamente cuando se retiró el control de las cárceles a la Policía y se entregó a los militares.
- Documentación internacional: “Los norteamericanos lo tienen debidamente documentado. Fue ahí cuando hicieron la transacción con la MS-13”, aseveró el excomisionado.
- Infiltración institucional: Por su parte, el comisionado en retiro Leandro Osorio advirtió que el crimen organizado ha logrado infiltrar instituciones del Estado y que, incluso hoy, existen “uniformados” que mantienen comunicación directa con narcotraficantes.
Esta peligrosa alianza no solo busca el control de las rutas de droga, sino que representa un desafío frontal al Estado de Derecho, evidenciando que el crimen organizado sigue operando desde las sombras del sistema.



