
Londres.- El caso de Wendy Duffy, una exasistente social de 56 años, ha conmocionado a la opinión pública británica y devuelto al centro de la escena la polémica sobre la regulación de la muerte asistida. Sin padecer una enfermedad física terminal, Duffy decidió viajar a Suiza para someterse a una eutanasia, alegando un dolor psicológico insuperable tras la trágica muerte de su único hijo, Marcus, ocurrida años atrás.
El peso de una tragedia personal
La decisión de Duffy no fue impulsiva, sino el resultado de un largo proceso de duelo que ella misma describió como una pérdida total de alegría y deseo de vivir:
- El detonante: Su hijo Marcus falleció a los 23 años tras atragantarse accidentalmente con un trozo de comida en su hogar, un evento del cual ella no logró recuperarse a pesar de los años transcurridos.
- Preparación meticulosa: Antes de partir a Basilea, Duffy esperó a que sus dos perros murieran de vejez. Pagó 10,000 libras por el procedimiento y se sometería a la eutanasia tras superar múltiples evaluaciones psiquiátricas que validaron su capacidad de decisión.
- Últimos deseos: La mujer eligió morir con la ventana abierta para que “su espíritu no quedara atrapado” y seleccionó una canción específica para sus últimos momentos, asegurando al Daily Mail que moriría “con una sonrisa en los labios”.

Conflicto legislativo en el Parlamento Británico
La historia de Duffy coincide con un momento crítico en la legislación del Reino Unido, donde la normativa que permitiría la eutanasia enfrenta obstáculos políticos:
- Bloqueo en la Cámara de los Lores: Aunque la Cámara de los Comunes aprobó el texto, la Cámara de los Lores ha mantenido la propuesta estancada, con el riesgo inminente de que expire este viernes por falta de tiempo.
- Vacío en la normativa propuesta: Irónicamente, bajo el borrador actual en discusión, Duffy no habría tenido acceso a la eutanasia en su país, ya que la ley británica solo contempla casos de enfermos terminales con menos de seis meses de vida.
- Presión a Keir Starmer: Más de cien diputados laboristas solicitaron la intervención del primer ministro para facilitar la aprobación de la ley, sin embargo, el Ejecutivo no ha tomado medidas adicionales para acelerar el proceso.

Controversia del procedimiento
La clínica suiza Pegasos, donde Duffy programó su fallecimiento, se diferencia de otras organizaciones por aplicar la eutanasia basada en el “sufrimiento existencial” o dolores psicológicos profundos, no solo dolencias físicas:
- Antecedentes polémicos: Recientemente, la clínica facilitó la muerte de Alastair Hamilton, un profesor de 47 años sin diagnóstico médico, y de una mujer galesa de 51 años llamada Anne, lo que ha generado fuertes críticas de sectores que consideran que estas prácticas carecen de los filtros necesarios.
- El argumento de Duffy: Tras un intento de suicidio previo que casi la deja con una discapacidad grave, Duffy defendió la eutanasia en Suiza como una “forma tranquila y ordenada de proceder”, enviando un mensaje final a sus seres queridos pidiéndoles que se alegraran por su descanso.



