
Comayagua.- En una explosión de fe y creatividad que trasciende fronteras, Honduras conmemora este Viernes Santo una de sus tradiciones más emblemáticas: la elaboración de las alfombras de aserrín. Desde las primeras horas de la madrugada, miles de feligreses y artistas locales transformaron las calles de las principales ciudades históricas en lienzos multicolores para marcar el camino del Vía Crucis, reafirmando la identidad religiosa y cultural del pueblo hondureño.

Comayagua: El epicentro de la tradición
La antigua capital de Honduras se mantiene como el referente máximo de esta expresión artística:
- Legado Histórico: Las calles del casco histórico de Comayagua lucen más de 50 monumentales alfombras que narran pasajes bíblicos y mensajes de paz. Esta tradición, que data de 1963, atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros cada año.
- Proceso Artesanal: Familias enteras participan en el teñido del aserrín con anilinas de colores vibrantes, utilizando moldes de madera y cartón para plasmar detalles de una precisión asombrosa que solo duran unas horas antes del paso de la procesión del Santo Entierro.
- Identidad Local: El aroma a pino y la devoción de los voluntarios crean una atmósfera única que posiciona a la ciudad como un destino imperdible durante la Semana Mayor.

Colorido en todo el territorio nacional
Aunque Comayagua lidera la tradición, otras ciudades han adoptado esta práctica con un sello propio:
- Tegucigalpa: La avenida Cervantes, en el centro histórico de la capital, se convirtió en un corredor de arte sacro donde instituciones y movimientos católicos plasmaron obras enfocadas en la reconciliación nacional.
- La Esperanza y Gracias: En el occidente del país, las alfombras incorporan elementos de la cultura lenca, fusionando la fe católica con símbolos de la identidad indígena, utilizando granos básicos y flores de la región.
- Danlí y Santa Rosa de Copán: Estas ciudades también reportaron una masiva participación de jóvenes, quienes ven en la elaboración de las alfombras una forma de mantener viva la herencia de sus antepasados.

A pesar de las altas temperaturas registradas en gran parte del país, el fervor religioso no ha decaído. Las alfombras de aserrín no solo representan un atractivo visual, sino que simbolizan la entrega y el sacrificio de una feligresía que, año tras año, deposita su talento y devoción sobre el pavimento para honrar el camino hacia el Calvario.



