
Tegucigalpa.- Lo que inició como una alianza estratégica para garantizar la gobernabilidad en el país se ha convertido en una fuente de creciente tensión interna dentro del Partido Liberal. Voces del sector “colorado” han comenzado a denunciar públicamente un desequilibrio en el reparto de cuotas de poder dentro del cogobierno que mantienen con el Partido Nacional.
Frustración por la influencia limitada
A pesar de que el Partido Liberal fue una fuerza decisiva para consolidar la mayoría necesaria en el Congreso Nacional, la militancia siente que los acuerdos de repartición no han sido equitativos.
El reclamo: Muchos líderes liberales aseguran que, en la práctica, han recibido “migajas del pastel”, mientras que las decisiones de peso y los cargos estratégicos han quedado mayoritariamente bajo el control de los nacionalistas.
Peso electoral vs. Poder real: Los críticos sostienen que el caudal de votos obtenido en las urnas y su papel determinante en las votaciones legislativas no se traduce en una influencia real dentro de la administración pública.
Cuestionamientos a la negociación
El malestar ha escalado a niveles de dirigencia, donde se cuestiona la habilidad de quienes encabezaron las mesas de negociación originales.
Balanza inclinada: Existe la percepción generalizada de que la negociación se inclinó desproporcionadamente a favor de los “cachurecos”, dejando al liberalismo en una posición de subordinación política.
Crisis de identidad: Esta situación ha generado críticas internas sobre si el partido está fortaleciendo su estructura o si, por el contrario, está siendo absorbido por la agenda de su aliado de turno, sacrificando el respaldo que la ciudadanía le otorgó.
Este escenario de insatisfacción pone en riesgo la cohesión de la bancada liberal en futuras discusiones clave, ya que los diputados se enfrentan a una base que exige mayor protagonismo y una representación que refleje fielmente el peso de su bandera en el actual esquema gubernamental.



