
Tegucigalpa.- La presidencia de Luis Redondo llega a su fin dejando tras de sí un Congreso Nacional marcado por la polarización y la dificultad para lograr los 86 votos necesarios para las reformas de gran calado. Aunque el oficialismo defiende la gestión como un proceso de transformación, sectores de la sociedad civil y la oposición señalan que los temas que realmente impactan al país quedaron en un limbo legislativo.
El estancamiento de la Ley de Justicia Tributaria
Sin duda, el mayor revés para la gestión de Redondo fue la Ley de Justicia Tributaria. A pesar de ser la prioridad número uno del Poder Ejecutivo y de haber sido objeto de múltiples debates, el proyecto no logró el consenso necesario.
La falta de puentes con las bancadas opositoras impidió que se reformara el sistema de exoneraciones, dejando al Estado sin la estructura fiscal que la administración actual consideraba vital.
CICIH: Entre la retórica y la realidad
La llegada de la Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (CICIH) es otra de las grandes promesas que no logró concretarse plenamente en este periodo. Aunque Redondo impulsó la derogación de algunos decretos cuestionados, las reformas constitucionales y la Ley de Colaboración Eficaz —requisitos señalados por organismos internacionales— no fueron aprobadas. Esto deja el camino de la lucha contra la corrupción a medio construir.
Gastos legislativos frente a la productividad
Informes de entes de sociedad civil han puesto el foco en el costo de este Congreso. Se estima que, durante el cuatrienio, el Legislativo destinó sumas millonarias en sueldos y salarios, una cifra que contrasta con los periodos de parálisis legislativa y la acumulación de proyectos de ley que ni siquiera llegaron a ser discutidos en el pleno.
El reto para el nuevo periodo
Con la salida de Redondo y la configuración de una nueva legislatura, los temas pendientes como el Presupuesto General y las reformas electorales pasan a ser la prioridad inmediata. La gestión saliente deja un escenario de profunda división política que representa un reto para quienes asuman el control del primer poder del Estado en el próximo ciclo.



