
Estados Unidos – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este martes, durante su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso de Estados Unidos, que los nuevos aranceles globales del 10 % impuestos a las importaciones no necesitarán la aprobación del Legislativo para mantenerse de forma permanente.
El mandatario defendió que los nuevos gravámenes, activados tras un revés judicial, son “más complejos, pero probablemente mejores”, y sostuvo que conducirán a una política comercial “más sólida” que la anterior.
Base legal y advertencias constitucionales
Trump afirmó que no será necesaria la intervención del Congreso, a pesar de que la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, utilizada como sustento legal, establece que este tipo de aranceles solo pueden aplicarse por 150 días sin autorización legislativa. Sus declaraciones sugieren que no buscará respaldo parlamentario para esta nueva fase de su política comercial.
El pasado viernes, la Corte Suprema de Estados Unidos determinó, por seis votos contra tres, que Trump se excedió al aplicar la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer los llamados “aranceles recíprocos” en 2025, al considerar que requería aval del Congreso.
Aranceles como sustituto del impuesto sobre la renta
Durante su discurso, Trump fue más allá al plantear que los ingresos por aranceles podrían reemplazar en gran medida el actual sistema de impuestos sobre la renta. Según dijo, esta estrategia aliviaría la carga fiscal de los ciudadanos estadounidenses, trasladando el peso tributario a los países exportadores.
Aunque inicialmente reaccionó con dureza al fallo judicial, este martes calificó la decisión del Supremo como “desafortunada”, sin confrontar directamente a los magistrados.
Jueces presentes y señales de tensión institucional
Al discurso asistieron el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, junto a los jueces Elena Kagan, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Ninguno reaccionó públicamente a las palabras del mandatario.
De los presentes, solo Kavanaugh votó a favor de mantener los aranceles recíprocos, reflejando la división interna en el máximo tribunal y anticipando un nuevo pulso entre el Ejecutivo y el sistema judicial de Estados Unidos.



